jueves, 17 de noviembre de 2016

                            



                                       MEMORIA….DISTANCIA….Y  RECUERDO….

                                                      PARAJE  “EL ALEGRE”

El sol, derramaba su oro líquido y era apacible aquella mañanita de octubre.-
Por el viejo camino de tierra, que deja atrás los aledaños del Corrales del Parao, lleno de ruidos, polvareda y barquinazos de ocasión, se desplazaba hacia el Oeste, un carro de cuatro ruedas, provisto de “martinica” y tirado por siete caballos.-
El paisaje campesino exhalaba su primavera. Reverdecían los campos, el cielo  desnudaba su añil intenso y una leve brisa, jugaba con las hojas de los árboles.-
No lejos de allí, los pájaros ensayaban una agreste sinfonía. Mientras un leve curso de agua que discurría entre piedras y arbustos, les otorgaba su cristalina partitura fluvial.-
Más adelante, un paisano de regular estatura, sombrero negro con las alas caídas, poncho de verano y bombachas con remiendos, recorría campos, al trote corto de una petisa gateada. Calzaba alpargatas “Rueda”, desteñidas y bigotudas y hablaba a los gritos como los viejos aradores con bueyes.  En la mano derecha, llevaba un arreador de cabo de membrillero, con trenza y zotera correspondiente. Una faca atravesada en la cintura y un cuzco negro y blanco, que trotaba al costado de la yegua. Era el típico paisano de una época, que recorría los campos, sin apuro ninguno. Observador por naturaleza, compañero inseparable de la soledad y baquiano de las distancias, por su propia intuición. Tan humilde, tan gaucho, tan hijo de la tierra que pisaba, como el aperito cantor sobre el cual iba enhorquetado.-
Escuela Nro. 14- Paraje "El Alegre"
Ese paisano, era Santos Pereira. A quien sus amigos íntimos, le llamaban “El Loco” Santos por su forma de expresarse a los gritos y gesticular a brazo partido, cuando hablaba con otra persona.-
Era un siete-oficios de la campaña oriental. Tropeaba, alambraba, domaba caballos, tenía chacra, esquilaba, cortaba paja, peonaba en las estancias y se defendía como compositor de parejeros.-
Había construido su rancho, de terrón y paja con piso de cupí.  Casado con Eulogia Melgarejo (una mujer aindiada, cabello azabache, piernas cambadas, preguntona a más no poder), ya tenía al menos dos hijos (Santos, casado con Petrona Batalla, progenitores de: María Cristina Pereira Batalla y Froilán, que era soltero) que lo ayudaban en la chacra y en otras tareas y dos más que eran chicos y que jineteaban ramas en la vuelta del rancho, como si estuvieran jineteando caballos.-
Tenía fama de hombre honrado, cumplidor y buen vecino.  Era reconocido por su caballo malacara de nombre “Varón” y su perro, denominado “Amigo”. Y contra su voluntad,  poco tiempo después cobraría la vida, de un guapo de ocasión, que se le fue la mano y le propinó unos “arreadorazos” por la cabeza. La respuesta de su faca filosa y relampagueante no se hizo esperar….
El cementerio de Vergara, ganó otro muerto y la Sub Comisaría de “El Oro” guardó un preso, en uno de sus calabozos. Porque Santos, luego de acaecido el hecho y al ver que su contrincante estaba muerto, se presentó en dicha dependencia policial, al galope tendido de su petisa gateada.-
En contraposición de éste, quien conducía el carro antedicho, era otro paisano más. Alto, flaco, sombrero aludo, vestía chiripá y calzaba tamangos de cuero. Según su propio testimonio y a pesar del inicio de los primeros calores de octubre, usaba por debajo de sus ropas habituales, camiseta de manga larga y calzoncillo de punto….Porque aseguraba que: “lo que espanta el frío, espanta la calor tamién”…
Era, ni más ni menos que Doroteo Alza. Pero todo el mundo, lo conocía por el seudónimo de “El Teco” y nada más.-
Honesto y trabajador, con la cara tapada de barba y nacido en las estribaciones de la Cuchilla de Dionisio, conocía mucho de soles, de paisajes y de caminos. Era un carrero de la campaña oriental, que no le hacía cara de asco a nada ni a nadie. Cuentan los más viejos que en un enero distante, lo vieron arribar a la zona de “El Alegre”, bajo un solazo tremendo, cubierto con “un patria” de bayeta colorada.- Tenía una novia, que vivía en el caserío de “El Oro” y cuando entraba a prosear duro y parejo, los recuerdos primor diales eran para “su gaucha” y para aquel potranco zaino malacara “que era una preciosidá” y que se le había muerto atrapado en un tembladeral.-
Todos los años, organizaba una rifa de caballos y pugnaba por ver una penca de “tiro largo”, donde hubiera pingos lustrosos, plata en abundancia y estancieros panzones. Tan larga en distancia, que la imaginaba como desde la ciudad de Treinta y Tres, hasta el Pueblo de la Charqueada.- Unos sesenta kilómetros más o menos….
Pero más allá de estos hombres mencionados, que con su sola presencia describían una época y una generación que parpadeaba en el tiempo hasta volverse crepúsculo en el horizonte, había una leyenda viviente, que luchaba, que forjaba, que persistía…. Era un caserío agreste y apacible, donde casi todos eran parientes, se llamaban de “compadres” o de “comadres”, era algo cotidiano que hablaran el “portunhol” y conformaban un paraje en común: “El Alegre”.-

                        EL RANCHERÍO DENOMINADO “PUEBLITO”…

Transcurrían los inicios de la década de 1930 y nueve ranchos, ubicados en dirección Este, en la margen derecha de un cañadón que apunta hacia donde hoy está enclavada la vía férrea Treinta y Tres- Río Branco, sin llegar a desaguar en el arroyo Corrales del Parao, conformaban el centro neurálgico del “Pueblo El Alegre”.  Allí vivían sin contar hijos e hijas, los matrimonios de: Julián Mariño Caraballo y María Magdalena Marichal; “Cafoy” Pereira (cuyo nombre de pila, era Primitivo) y Petrona Caballero; Urbano Batalla y Segunda Silvera; Pilar Indalecio Fernández y Anita Núñez; Ramón Cuello Das Neves y Quintina Oxley; Santos Pereira y Eulogia Melgarejo Olmos; Gil Techera y Albertina Becerra; Eusebio Sequeira y Sofía Fagúndez y Francisco Sequeira y María Cuello.- Del otro lado del cañadón, en la margen derecha, dos ranchos más, coronaban un pequeño promontorio. En ellos vivían: Diego Pereira y Margarita Silvera; Salvador Silvera y Nolberta Fernández.- Y siguiendo en dirección Sudeste, muy cerca de la margen derecha del Corrales del Parao, estaba el rancho de Claro Melgarejo Olmos y Ana Barreto. Desde allí, a partir del año 1936, se divisaría nítidamente la  Estación de AFE “Bañado de Oro” y por consiguiente, la antigua estancia que fuera del General Basilisio Saravia.-
Retrocediendo hacia el Este, próximo a la estancia de Isidro Mederos, distante unos dos kilómetros del arroyo Corrales del Parao y de dos tramos de puentes de la vía férrea, habían otros dos ranchos más, en los cuales moraban: Felipe Mariño Marichal y Clotilde Cardozo; Beltoldo Fernández y Conversión Melgarejo Olmos; y unos metros más atrás de esas construcciones aludidas, estaban: Calasán López y su esposa Nicomedes Téliz.- Lo que totalizaba 15 viviendas, en una superficie de 295 hectáreas, aproximadamente y unas 70 personas más o menos entre adultos, jóvenes y niños.-
Desde la Ruta 18, tramo Treinta y Tres – Vergara, se llegaba hasta el paraje aludido, ingresando en dirección Este, por un camino vecinal que se inicia en el km. 328, de esa arteria de tránsito. También se llegaba, por el camino que pasa por el cementerio de Vergara, dejando atrás la Cañada Grande y cubriendo unos 22 kilómetros de distancia. O también, por el tramo de vía férrea Treinta y Tres- Río Branco, tras descender en la Parada 381.-
Viniendo desde la ruta 18, antes de ingresar a “El Alegre” a la izquierda, estaban los vecinos: Tomás Basilicio Barrios Sosa y  Petrona Antonia Aparicio. Unos 300 metros más adelante, volcándose a la derecha, estaban: Basilicio Teófilo Cuello Das Neves y Ana Orfilia González y un poco más abajo en dirección Sur, se ubicaba Siro Severo Cháves Font, quien ocupaba parte de los campos que pertenecían a la Sucesión de su padre, don Toribio Cháves.-
Había vecinos en el paraje “La Totora”, como: Juan Vaz y Juana Gabriel;  Genaro Teodoro Vaz Gabriel y Dominga Mandián de Freytas; Bernardino Vaz Gabriel y Elodina Melgarejo; Juan Obiaga y María José Trelles Ramagli. Y había más vecinos todavía, hacia el Noreste, empezando por la Costa de Corrales, donde estaba Isidro Mederos y familia; Juan Rodriguez, conocido por “Juan González”, Antonio da Silva e Hilda Larronda Fernández; y Amaro Dominguez y familia. Luego seguía el paraje conocido por “Cañada Grande”. Cuyo caserío (antiguo poblado “San Juan”) ya lo mencionaba el periodista Paseyro y Monegal, en una redacción del mes de noviembre del año 1903,  y era una de las tantas ranchadas que tenía a su cuidado, el Comisario Segundo Oxley Arrillaga.-
Mezclados en y con el tiempo, allí estuvieron: Hilario Barrios y Lorenza Sosa; Artigas Barrios (que era soltero); Bairo Barrios y Claudia Sequeira; Clodomiro Félix Barrios y Orfelina Cuello; Carlos Borromeo Cuello y Bernardina Silvera; Máximo Sequeira y Bernardina Cuello; Lorenzo Sosa y Ana Prigue; Juan Pedro Sosa y Juana de Liz Cuello; Miguel Cerrillo y Cecilia Cuello; Amado Cuello y Nelly Santos; Casio Vergara e Ignacia Aparicio; Cirilo Etanislao Aparicio y Visitación Techera; Florentino Rodriguez; Elbio Cháves Font; Braulio Peña y María Silva; los hermanos: Arambillete- Melgarejo; las hermanas Brinkerhoff- Machado y Francisco Cuello y Mercedes Loyarte.…. Y aun… más atrás en el tiempo: Damasio Martínez; Sucesión Ramos; Basilio Pimienta (que era militar y persona de extrema confianza del General Basilisio Saravia); Rudecindo Ituarte y María Daguerre; Antonio Sierra; Basilio Correa y Dolores Acosta; Mateo Viera y Juana Correa; Enrique Prigue y Fidela Viera; Juvenal Fabeiro; Elisa Furest de Carriquiri; Donato y Bonifacio Batalla y Celina Cháves de Aguirre….

                                      EL POR QUÉ DE SU NOMBRE….

Nadie recuerda en que fecha se inició el caserío. Quizás alrededor del año 1927,  aproximadamente. Y sobre campos que según los informantes eran considerados “realengos” y que la “gente antigua”, les llamaba “el campo de los Melgarejo”….
Ahora veremos, que tenían bastante razón en considerarlos así……
Tras paciente búsqueda en escrituras cedidas gentilmente por propietarios ganaderos de la zona, se concluyó que esas 295 hectáreas de campo sobre las cuales se desparramaba el rancherío tenían como lejana propietaria del día 31 de octubre de 1863, a la señora Feliciana Méndez de Olmos.-
Posteriormente, el día 5 de diciembre de 1884, se constata que los campos pasan a ser propiedad Ramón Olmos Méndez, quien estaba casado con la Sra. Fausta Aguilera.-
Obvio, que los obtuvo por herencia de su señora madre: Feliciana Méndez.-
El día 20 de mayo de 1891, ante el fallecimiento de Ramón Olmos, lo hereda su hija, la Sra. Eulogia Aurora Olmos Aguilera.-
Mientras que sus hermanas: Agustina y Virginia, les tocan los campos aledaños a dicho paraje.-
Posteriormente, la Sra. Eulogia Aurora Olmos Aguilera, casa con el Sr. Manuel Melgarejo y se puede deducir que de ese matrimonio surgieron: Juan Pedro, María Isabel, Flora, Petrona, Claro y Conversión Melgarejo Olmos…
De ahí que algunos años después y al ocurrir muertes en las familias cuyas sucesiones ni siquiera fueron liquidadas, todo el mundo comenzó a llamarle “el campo de los Melgarejo” y en realidad se convirtieron en tierras abiertas y “realengas”…….  
Ni cortos ni perezosos, zafreros de la zona, comenzaron a edificar por su cuenta y a traer a sus familias. Algunas de ellas numerosas, como la de Salvador Silvera y Nolberta Fernández, compuesta por más de diez hijos…
En cuanto al nombre de “El Alegre” lo ganó, porque casi todos los fines de semana (a excepción del mal tiempo), había bailes con las guitarras de Juan Vaz, de Basilicio Cuello (que a veces ponía una ortofónica con discos de pasta) y el acordeón de dos hileras, de Beltoldo Fernández.-
Ocasionalmente, llegaban desde Vergara, Nilo Bonilla, con su flauta dulce, Rosendo Pereira con el violín y Domingo Olive y José María Silva, con sus guitarras.-
Los bailes se realizaban en los galpones de: Basilicio Cuello, de “Cafoy” Pereira, de Carlos Cuello (en la “Cañada Grande”) y le “daban pata”, hasta que las velas ardieran.  Y ensillaban los caballos o prendían los carros para irse, cuando el sol comenzaba a peinar su cabellera rubia, en el bostezo celeste del horizonte.-
En una oportunidad, hasta Carnaval, festejaron….
Había una sola calle, que atravesaba el medio del campo. No tenía autoridades que rigieran su vida cotidiana. No tenía carteles indicadores que anunciaran su presencia. Tenía un antiguo cementerio en campos de Amaro Domínguez, sobre las Costas del Corrales del Parao. El agua para tomar, para lavar las ropas y para lavarse, era extraída de cachimbas. Y la luz, estaba constituida por candiles, velas de sebo o alguna que otra, lámpara a queroseno. Casi ninguno de los ranchos tenía baño y en ese caso, las necesidades fisiológicas las cumplían ocultos entre las plantas de tártagos, que existían como al descuido en sitios preconcebidos…. Sin embargo, había infidelidades amorosas “a ojos vistos”, los viejos aquellos hablaban “cualquier clase de relajo” y el paraje, latía, existía y luchaba, en un rincón carente y apartado de la campaña oriental.-

                                      COSTUMBRES  Y  ALGO MÁS….

Los hombres, eran peones de estancia, domadores, chacareros, troperos, carreros, esquiladores, guasqueros, oleros, monteadores, etc.…. Hacían todos los trabajos que se pudieran concebir en el medio campesino de la época.-
Constituían aquella generación de gauchos templados y vigorosos, exponentes de una campaña semi-bárbara, donde varios de ellos habían visto y experimentado en carne propia, el espiral sangriento de 1904 y el barullo efímero de 1910. Habían combatido contra las “mangas de langostas saltonas”. Habían aguantado secas y temporales. Habían escudriñado el cielo con temor, siguiéndole los pasos al “cometa Halley” (sin saber de que se trataba) y comentando la predicción de que “el día que la cola de la estrella tocara la tierra, ésta, se prendía fuego”. Y habían “Velado al angelito”, cuando la difteria y el tifus, enlutaban los ranchos de la comarca.-
Las mujeres, cuidaban de las casas y de los hijos. Preparaban las comidas, amasaban, lavaban y planchaban ropas, hacían dulces, fabricaban jabones caseros, embarraban ranchos, sacudían mazos de pajas, ordeñaban, ayudaban a  carnear y a dar “tomas” de ajenjo o de hojas de duraznero, para la lombriz de las ovejas.-
Algunas, como la tía Quintina Oxley y doña Nolberta Fernández, araban la tierra con un “Oliver”  chico y en lugar de cincharlo con bueyes, utilizaban sus propias lecheras, provistas de “cangas”. Ellas conocieron lo que eran las manceras, los timones, los surcos y las melgas pardas, de una cuadra de largo por veinte pasos de ancho…. Ellas conocieron lo que implicaba levantarse al alba y acostarse con la primera estrella…
Sabían “vencer” “el mal de ojos”; “los empachos”; “la culebrilla” “el pasmo” y “la paletilla cáida”…Eran del tiempo del “tabardiyo”, “de las carnes quebradas” y de “los ñervos rendidos”. Conocían las propiedades curativas del unto y sabían del “sudor del hacha” para liquidar “empeines” y “culebrillas”. Para cada enfermedad, tenían un yuyo en especial. Practicaban sus propias creencias; sus supersticiones; sus oraciones que solo ellas las conocían, donde tenían un lugar predominante “San Antonio”, “San Bentos” y “San Juan”, con su noche de frío, sus macitos bienhechores y sus copiosas fogatas.-
Si por el contrario no daban resultados, esas oraciones, traían a Mauricia Fernández “La Tonga”, desde Vergara, que era “mano-santa” para todo lo que se propusiera.-
Cuando alguna de las mujeres del rancherío empezaba a salir  “de cuidao” (en vías de tener familia), ya hacía días que andaban en la zona, la morena vieja Isolina Pereira o Cipriana Rodriguez que eran reconocidas parteras en Vergara.-
Así fue que doña Nolberta Fernández, con 51 años de edad (alejada de Centros Hospitalarios donde hubiera Médico y equipos especiales), tuvo a su hijo menor (Evergisto) en el rancho de “El Alegre”.  Isolina, le cortó el ombligo. Hizo que la madre soplara en el pico de una botella para que la placenta saliera más rápido.  Tiró una mano de mortero para abajo de la cama, con el fin de ahuyentar los “entuertos” y allí, le mostró la luna al recién nacido, con el consabido mandamiento guaraní:- Luna, lunar….Mira este niño y déjalo criar….

                         ESTO ES TAN MÍO, COMO ES SUYO TAMBIÉN…..

Indalecio Fernández, quien en realidad tenía como nombres, Pilar Indalecio, había levantado su morada, como quien dice “en la curva “que describía el camino, antes de llegar al “centro” del Pueblo de “El Alegre”.-
Allí tenía su rancho de paja y terrón. Con una pieza con mostrador de estaño y estantería de madera, constituida pues, en el primer boliche y expendio de caña blanca, que hubo en el paraje.-
También tenía un carro de cuatro ruedas toldado, con el que salía a vender por las estancias y ranchos de la zona. Vivía con Visitación Techera y de esa unión, nacieron dos varones: Magdaleno y Érico.-
Era hermano de Aquiles Fernández, muy conocido en la zona, por la serie de atribuciones que reunía. Tenía un pedazo de campo en el cual vivía y trabajaba. Era un hombre huraño, a veces alunado, buen vecino y de probado coraje personal. Colorado de alma, tan es así que en 1904, había participado de la revolución, sirviendo en la División Treinta y Tres, al mando del Coronel Basilisio Saravia.-
Pero además de todo eso y que hasta ahora se sepa, fue el único hombre que se animó a darle una soba de talero campo afuera, al “Zurdo” Ramos, que también era colorado y andaba exhibiendo patente de bravo, por toda la zona de Corrales del Parao.-
-          Junagranputa¡!..Vas a aprender a respetar a los hombres, carajo ¡!...cuentan que comentaba Aquiles Fernández, mientras Adolfo Ramos “El Zurdo”, abandonaba de galope tendido el lugar, sin acordarse de que llevaba revólver y cuchillo en la cintura….
Sin embargo, Indalecio, no era ni huraño ni alunado. Era un hombre conversador, enamorado, buen negociante y  al parecer, bastante tranquilo…
En uno de los viajes mensuales que hacía por la campaña y habiendo terminado la unión libre que mantuviera con Visitación,  llegó hasta “La Calavera” y tuvo la suerte de conocerse con Anita Núñez.-
El “flechazo” fue inmediato y cuando retornó para sus lares de “El Alegre”, Anita, se vino con él en el carro, trayendo los enseres más elementales.-
Fue un viaje inigualable, repleto de amor y de ternura. Donde Indalecio no cabía dentro de sí mismo y le parecía mentira, el instante que estaba viviendo.-
Al llegar a los aledaños del pueblito, la novia preguntó:- Y dónde es nuestra casa mi amor?...
-          Allí es, mi vida…Y señalaba con el mango del arreador, unos ranchos a la orilla del camino, que a gatas se sujetaban, con la quincha despeinada y las paredes carcomidas por los temporales….
-          Ay…Allí es nuestro nidito de amor…Comentaba ella a las risas. Y hacía planes íntimos, sobre el futuro de ambos. Tiempo después, terminarían casándose…
Entonces, él la sacó de sus cavilaciones: -Ve mija, todo ese campo?.....Y tendía la diestra como intentando abarcar aquel verde, festoneado de chacras….
-Sí, mi amor, veo….Y todo ese campo es suyo?...
-Sí mi vida…Esteee…Pero le viá explicar una cosa...
Ella lo miró atentamente.-
Y él, como que quiso vacilar y salió del paso:- Sabe queee… ese campo es tan mío…Como es tan suyo, también…mi vida….
En realidad quería decirle a la novia, que él, no tenía campo ninguno. Y que había poblado allí, porque varios más ya lo habían hecho por los alrededores, sin que nadie les dijera una sola palabra….

                                LA DURA EXISTENCIA DE CADA DÍA….

Los pobladores de “El Alegre”, desayunaban café negro con fariña o en su defecto, el “chocolate de los pobres” (café negro caliente, con una yema de huevo batida con azúcar) y acompañaban en la medida que podían: con chicharrones, con pan casero, con choclos o con boniatos asados al rescoldo del fuego o con galletas “San Ramón”.-
Festejaban cuando había pasteles de “natilla”, buñuelos azucarados, tortas fritas del tamaño de la sartén o pororó de maíz catete.-
Cocinaban en fogones hechos en el suelo, con las ollas de fierro que colgaban de las “estrebes” y para cocimientos menores o más rápidos, utilizaban braseros alimentados a carbón.-
Comían guisos con charque de oveja, ensopados, pucheros, habas, porotos, facturas de cerdos, pirón con fariña, mazamorra con leche y la gama de dulces caseros: de higos, de membrillos, de zapallos, de naranjas, de peras, de tomates, etc.
Hacían café con cáscara de boniatos, después de dejarlas crocantes sobre la sartén y valiéndose de algún molinillo prestado, para reducirlas a polvo.-
Para conservar en buen estado la leche de vaca, le ponían unas cucharadas de fariña, en el recipiente que la contenía. Para sacarle el mal olor a un mondongo de vaca, lo hervían junto a un marlo. Y si en lugar de ello era la carne vacuna u ovina que tenía mal olor, la hervían, con un trozo de galleta dura o con un puñado de malvaviscos.-
Usaban tamangos guascudos, alpargatas de yute, botas de suela o “pata en el suelo”, simplemente…Y se ponían sus mejores prendas y ensillaban con los mejores aperos, cuando el armenio Daniel Simonian, iba a sacarles fotos, con una máquina vetusta de aquellas que tenía que cubrirse la cabeza y esperar algunos minutos para que el flash disparara.-
A falta de chupetes de goma, cuando los gurises chicos lloraban mucho, las madres sabían calmar el desatino, con un trozo de dulce de membrillo en el interior de un pedazo de tela, cocido por la única máquina “Singer”, con sistema “de bote”, que había en las cercanías. Y que la tenía Petrona Antonia Aparicio, la esposa de Tomás Basilicio Barrios Sosa.-
Campeó el tifus en algunos de esos ranchos. Pero acudió a tiempo desde Vergara, el Dr. Raúl Filippini y por ende, no hubo que lamentar pérdidas.-
Al menos, una vez por mes llegaba el cura Bernardo Zito, desde la Parroquia de Vergara a la casa de Juan Vaz, en “La Totora”. Venía en un charrete, tirado por un caballo frisón, pelo picazo, acompañado por un morenito, que le ayudaba a dar la misa y le servía para abrirle y cerrarle las porteras en el camino.-
Bautizaba, confirmaba en la fe y a las parejas que estuvieran dispuestas, las casaba también.-
En una oportunidad, llegó a bautizar la cantidad de 20 niños, entre varones y mujeres de la zona.-

                                LA MORDEDURA DE LA CRUCERA

Cerca de los ranchos que habitaban los tíos, Ramón Cuello y Quintina Oxley, corre un cañadón rodeado de árboles, que tiene dos pasos conocidos e increíblemente, su agua es salobre.-
Aclaro que cuando digo tíos, me refiero al parentesco que nos une, dado que Ramón, era hermano de Adramantino, mi abuelo materno.-
No muy lejos de allí, en dirección Sudeste (rumbo a la tapera de Claro Melgarejo), aun existe un pozo de agua dulce, forrado a mano, desde donde extraían agua para varios ranchos aledaños.-
Un mediodía de esos, habían llegado hasta el lugar doña Nolberta Fernández y su hija Juliana, a sacar agua para llevar para la casa. En eso estaban, cuando en determinado momento una crucera que acechaba mimetizada entre los arbustos, mordió a Juliana que se había descalzado, en la región calcañar.-
Pasado el primer momento de estupor y asombro, doña Nolberta se hizo de coraje y mató el ofidio a garrotazos por la cabeza. Luego llevó a la hija, la acostó en su cama y le aplicó sobre la incisión, tabaco negro, previamente mascado y encima le puso una hojilla de fumar. No pasó nada con la mordedura y Juliana, curó pronto.-
Es de resaltar que en ese tiempo, la señora aludida estaba sola con sus hijas en el hogar. Era el año 1942 y su esposo Salvador Silvera, ya se encontraba trabajando en una chacra del Arrozal 33.-

                                    
                                LOS  PASATIEMPOS  DE  UNA  ÉPOCA…

Lo hombres jugaban a la taba, al truco, al solo, al golfo, al pife, a la escoba de quince y en el rancho de Cafoy Pereira, muchas veces se jugó a la lotería de cartón.-
Los niños, tropeaban reses imaginarias, montados en ramas o palos simulando caballos. Enlazaban cualquier bicho doméstico, con lazos trenzados por enviras. Jugaban carreras de a pie, descalzos y por una torta frita. Dibujaban árboles, caballos y casitas, con un trozo de carbón, sobre algún papel de estraza y pedían “la bendición” del padre o de la madre, cuando se iban a acostar… Con la adolescencia, les llegaba lentamente la herencia del trabajo dejada por sus ancestros.-
Las niñas, jugaban con alguna muñeca de trapos y ayudaban a las madres en lo que podían. Poco tiempo después se iniciaban en las labores concernientes a su sexo, retomando así irremediablemente, el ciclo vital heredado de las mayores.-
Y sabían bien, que si por algún motivo se “resbalaban” en cuestiones de respeto hacia el prójimo o hacia los ascendientes directos, el arreador de trenza fina y zotera en la punta o la vaina de cuero del cuchillo, arreglaban el problema enseguida.-
Eran los tiempos de los braseros a carbón, de los fogones hechos en el suelo, de las calderas hechas de latas con asas de alambres y de los charques y tocinos, pendiendo de los llamados “caranchos”. Siempre había algún vecino que todos los inviernos realizaba la faena habitual. Y por lógica, compartía con los demás habitantes, para que los varales no estuvieran vacíos.-
No había radios para escuchar. Apenas, dos ortofónicas: una en lo de Basilicio Cuello y la otra, en lo de Carlos Cuello (en la “Cañada Grande”). Cuando a las mismas se les rompía la púa, requerían los servicios del alemán Paul Sóder, para que las compusiera nuevamente.-
Las noticias del mundo exterior, las llevaban los troperos o los carreros que iban y venían trasegando tropas y cargando mercaderías varias.-
Llegaba la carreta con bueyes de Braulio Peña Melgarejo “El Canario”, que vivía en la zona de la “Cañada Grande”. Y llegaban los carros de cuatro ruedas, conducidos por: Francisco Sequeira;  por los hermanos Raulino y Doroteo Alza “El Teco” y el del viejo Moreno – a quien apodaban “Gallo”- y que residía en Vergara. A excepción del carro que conducía Sequeira, que era propiedad de Natalio Vergara, los restantes, al igual que la carreta, eran propiedad de sus conductores.-

                        CUANDO LA LETRA SE TRANSFORMA EN SANGRE…..

En “El Alegre”, hubo tres homicidios registrados. Uno de ellos por arma de fuego y los restantes, causados por armas blancas.-
Además, en las cercanías del paraje, hubo dos suicidios. El primero de ellos, se desconoce el motivo y fue a causa de asfixia por inmersión. Lo protagonizó una vieja vecina de la zona de la Cañada Grande, quien aprovechando las sombras de la noche, se arrojó a las aguas de un profundo pozo de balde.-
El segundo de ellos (en la misma zona) fue a causa de arma blanca, cuando un hombre ya maduro, decidió terminar con su vida y se cortó las yugulares al pie de una cachimba, cayendo para el interior de la misma. Se supuso que había tomado tal determinación, ante los reiterados y conocidos engaños de su pareja.-
A uno de los homicidios, me voy a referir en especial.-
Ramón Fernández, residía en Vergara, pero era carnicero rural en la zona de “El Alegre”, donde además tenía a Indalecio y a Beltoldo Fernández, que eran de su parentela.-
E. S. (manejo solo iniciales del nombre y del apellido, por respeto a la descendencia y demás familiares del homicida), mayor de edad, vivía en la zona mencionada y era peón de campo de Juan Obiaga, el dueño de la estancia “La Totora”. Y que luego compraría toda la heredad, donde se asentaba “El Alegre”.-
E.S.  tenía rancho, mujer y gurises y se contaba entre los clientes de Ramón Fernández. Éste, entregaba los pedidos de carne en los ranchos y al mes, pasaba a cobrar. Como el hombre se atrasó un poco en el pago, Ramón, quien no sabía escribir le pidió a la esposa que redactara un billete, más o menos con el siguiente texto: “Para E.S. : Mandame cuando puedas unos pesos para la cuenta tuya, que estoy precisando para comprar unas vacas para carnear, porque me salió un negocio. Espero tus pesos así vos, tu familia y yo, tenemos carne para todo el invierno. Saluda tu amigo Ramón Fernández”.-
Hecho y leído en voz alta por la esposa del carnicero, el billete fue llevado a las manos del destinatario por otro peón de Obiaga.-
Pasaron unos días y Ramón, tuvo que viajar hasta “El Alegre” por  motivos no especificados. En ese viaje que hizo, la esposa de Beltoldo, su sobrino, le pidió que le “atillara” unos piques en la hectárea de campo que ocupaban.-
Accedió a tal cosa y en eso estaba, con un hijo de 9 años, cuando por el camino apareció a caballo el hombre al cual le había destinado el billete.-
El niño, al verlo le manifestó al padre:- Mirá papá ahí viene E.S. a caballo derecho a nosotros…..
-          Bueno mijo, lo más probable es que me va a entregar algunos pesos…Yo le mandé un billete pidiéndole plata y por eso debe de venir pa acá…
Y al pretender incorporarse para recibir al paisano que se acercaba, levantó su mano derecha para saludar y como respuesta, recibió de callado, un tiro de revólver 32, que le atravesó el tórax y le provocó una hemorragia interna, que se volvió letal…..
Detenido que fue el homicida y trasladado el finado al cementerio de Vergara en un carrito de pértigo cinchado por un caballo, el Sr. Juez de Paz Vicente Rivero, interrogó al homicida:
-          Qué pasó que lo mató al Sr. Ramón Fernández?....
-          Mire Señor Juez, lo maté una vez y lo mato cien veces más, si tengo que matalo…Por atrevido qu´ era….Me mandó un billete por otro pión de Obiaga, onde yo soy empleao y me decía con letra del mismo  “que si iba a acostar con mi mujer”…….
 El Señor Juez, miró al hombre de rostro ceñudo y estatura regular, que se mantenía firme en su posición. Interrogó:
-          Usted sabe leer?
-           No señor Juez, no sé ler….
-           Y cómo sabe que el finado le mandó decir eso?
-           Bué y otro pión leyó el billete y me dijo que mandaba decir eso….
 El Magistrado hizo llamar al otro peón y una vez en su presencia:
-          Usted, leyó el billete al señor?
-          Sí señor Juez…Juí yo que leí el billete…
-          Y qué decía el billete?
-          Bué y que el finao “siba acostá con la mujer desti hombre”…y señalaba al homicida con su mano….
  El Sr. Juez Rivero, sacudió la cabeza y volvió a mirar al interrogado:
      -    Usted sabe leer?
-          Le viá decir la verdá Señor Juez. No sé ler….apenas deletreo las palabras…Y pa mí decía bien clarito “que el finao siba a acostar con la mujer desti hombre”…..Y bué y eso jué lo que dije pa él ¡!....
 Ni que decir que E.S. marchó a la Cárcel por un lote de años. Y que sus hijos, varones y mujeres, tuvieron que ser repartidos entre los familiares para ayudarlos en la crianza.-

                                         LA   ESCUELA   NRO. 14….

Según el libro “El Solar Olimareño” de la autoría del Sr. Luciano Obaldía Goyeneche, en el año 1894, la maestra Amalia Lecuna, dictaba clases en la Escuela Nro. 14, sita en el paraje “Corrales” del Departamento de Treinta y Tres.-
Ahora bien, como esa misma Escuela años después aparece en “El Alegre”, mi abordaje se enfocó al objetivo de que en primera instancia no había dudas que era el mismo local escolar y que había comenzado a dar sus primeros pasos en ese año de 1894.-
Pude establecer que la misma, había comenzado a funcionar en un galpón de la estancia de los esposos: Doroteo Mier y Agustina Olmos (justamente, sobre el paraje “Corrales del Parao”), donde luego compró Eulalia Viviana Cajarville de Pereira.-
Posteriormente, se trasladó para un rancho de terrón y paja, ubicado más o menos frente a la estancia de Lopepé (antigua estancia de Elisa Furest de Carriquiri), en dirección hacia el paraje “Cañada Grande” y en la zona Noreste del croquis dibujado.-
Lamentablemente, la Inspección de Escuelas de Treinta y Tres no cuenta con mucho material al respecto y por ello, tuve que valerme de versiones orales encontradas entre dos personas que al mes de marzo del 2015, frisan: una los 85 años de edad y la otra los 94 años.-
Ellos, en el año 1938, aproximadamente, conocieron los vestigios del local escolar frente a lo de Lopepé y recuerdan por los menos dos perales, que estaban plantados al fondo de los ranchos.-
Para antes de la década de 1930, la Escuela Nro. 14, se cambia por tercera vez, para el ingreso “al Centro” de “El Alegre”, dentro de la superficie tomada como tal y debidamente identificada en el croquis mencionado.-
Eran dos ranchos de paja y terrón, que formaban una “L” y que viniendo desde la Ruta 18, en dirección hacia el Este (Estancia de Isidro Mederos), quedaban unas cuadras más adelante de la casa que ocupaba Basilicio Cuello.-
Sus vecinos más próximos eran: Julián Mariño Caraballo y “Cafoy” Pereira.-
Según fotos que tengo a la vista, uno de esos ranchos tenía las paredes encaladas. Era el que servía de local escolar y contaba con dos pequeños salones, y dos puertas ciegas, de madera de lapacho, que daban hacia el Oeste.-
Al medio de las puertas y en la parte superior de la pared, se ubicaba el Escudo Nacional.-
La asistencia fue considerable, oscilando en un promedio de unos 20 a 25 niños, entre varones y mujeres, donde reunía además de “El Alegre” los parajes “Cañada Grande”; “Corrales del Parao” y “La Totora”.-
En ese lugar dictaron clases, las Maestras Directoras: Ana Yacovazzo de Batalla y luego, Clotilde Cardozo de Mariño.-
La primera de ellas, esposa de Donato Batalla (que fue de los primeros que tuvo “auto de alquiler” en Vergara), vivía en el rancho contiguo a la Escuela. Mientras que la restante, esposa de Felipe Mariño, como ya vimos anteriormente tenía su hogar en uno de los tres ranchos que estaban más próximos a la estancia de Isidro Mederos.-
Felipe Mariño, aficionado a las correrías de liebres por los campos tenía 3 perros galgos: “Medellín”; “Maripa” y “Muso” respectivamente.-
Se conoce con certeza que en el año 1941, llegó como Maestro Director de la Escuela Nro. 14, Secundino Freitas Artés.-
Era nativo del Departamento de Florida, tenía 30 años de edad y había obtenido su título de Maestro el año anterior, en la ciudad de Montevideo.-
Freitas Artés, quien contaba con unos 20 alumnos entre varones y mujeres, pernoctaba en la casa de Genaro Vaz, en el paraje “La Totora” distante de la Escuela hacia el Noreste, unos 3 kilómetros aproximadamente.-
Todos los días cubría 6 kilómetros a caballo, en el trayecto normal de ida y vuelta y entre otras cosas, tuvo con luchar con el prejuicio de ser “maestro joven y varón” (muchas niñas no las dejaban ir a la Escuela) y con el “portunhol”, que a raíz de las descendencias, estaba bastante impuesto en los hogares del paraje.-
Posterior al año 1941, el maestro se traslada para la Escuela Nro. 27 sita en la “Cañada del Brujo” y ahí se diluye la referencia física de la Escuela de “El Alegre”, encontrándose que para el año 1944, la misma ya estaba clausurada.-
Posteriormente, sería reabierta y trasladada por cuarta vez a la Colonia “Dionisio Diaz” en los aledaños de Treinta y Tres, donde actualmente, está afincada, con el mismo número que siempre la caracterizó.-
Es de hacer constar, que las Maestras: Yolanda Yacovazzo de Batalla en el año 1944, dictaba clases en la Escuela Nro. 48 de Cerro Chato y Clotilde Cardozo de Mariño, en el mismo año, dictaba clases en la Escuela Nro. 30 de la “Colonia Jefferies”.-
Ya había comenzado el éxodo de algunas familias de “El Alegre” para el Arrozal 33, donde los salarios conquistaban, había demanda de trabajos fijos y de trabajos zafrales, existía una Escuela, un comercio bien acondicionado y otras comodidades básicas, donde era más sencillo y más llevadero, establecerse con la familia.-
El ocaso inevitable del rancherío de “El Alegre”, estaba decretado….

                            “O YINCA PAROU-SE BEM LOUCO”…

Había cumpleaños, en el rancho de Claro Melgarejo.-
Peón de estancia, tropero y dueño del tostado “marchador”, llamado “Yaraví” y que tenía una mano y la frente de color blanco.-
Ese rancho grande, con galpón incluido, quedaba bastante cerca del arroyo Corrales del Parao. Era el más lejano del núcleo central de “El Alegre” y desde allí, se divisaban nítidamente y en dirección Sudeste, la estación de AFE “Bañado de Oro” y la estancia que fuera propiedad del General Basilisio Saravia. En dirección, Suroeste (costeando el Corrales hacia la Ruta 18), se distinguían las casas de Eulalia Cajarville de Pereira.-
La solidaridad y la amistad entre los vecinos del paraje y sus cercanías, estaba siempre presente.-
Mientras la esposa e hijas de Melgarejo, barrían el piso del galpón y ultimaban los detalles para la fiesta, allá iba Beltoldo Fernández, de golilla colorada, montando su caballo tuerto, de pelo bayo, con el acordeón de dos hileras, a “los tientos” y en el interior de una bolsa de arpillera.-
Mientras que desde Vergara hacia “El Alegre”, por la vieja Ruta 18, viajaban en un sulky color azul, tirado por un caballo tordillo, de nombre “Yinca”, Orfilia González y Darío Saravia, que era un adolescente de unos 15 años de edad.-
Al costado del vehículo, montando un caballo colorado, lo hacía Basilicio Cuello.-
Basilicio (que era descendiente de brasileños venidos de la zona de Arroio Grande –R.G.S.), desde hacía tiempo estaba casado con Ana Orfilia González, quien en 1890, había nacido en la ciudad de Yaguarón (Brasil).-
La pareja, no tuvo hijos. Sin embargo fueron padres de crianza de: Dinarte Cruz, de Darío Saravia, de José María Fernández y de Anacleta Santos, entre otros gurises más.-
Estaban radicados a la entrada de “El Alegre”, donde Basilicio tenía campos de su propiedad. Y esa tarde, llevaban desde Vergara, las losas y demás utensilios necesarios para el cumpleaños que se realizaría en lo de Melgarejo.-
Jamás pudieron discernir que ocurrió en aquella cristalina y apacible tardecita de noviembre. Solo podían rememorar que al llegar al badén de “La Totora”, imprevistamente el caballo tordillo bufó asustado, se paró de manos e intentó disparar con el sulky de tiro.-
Basilicio, logró controlarlo como pudo. Sin embargo, la carga de losas, se desacomodó con el bamboleo y se estropeó. Mientras que Orfilia, caía al suelo, dándose unos golpes leves, sin llegar a lastimarse.-
El adolescente, ágil como un gato montés, saltó para afuera del rodado sin provocarse ninguna lesión.-
Cuando todo pasó y antes de que reiniciaran la marcha con tristeza por lo que había ocurrido, Orfilia, ya repuesta de los golpes sufridos solo decía en su portugués natal: - Nâo sei que aconteceu….. Só sei que o Yinca, parou-se bem louco….
 
                               INFLUENCIAS  DE  UNA  ÉPOCA PASADA….

Mientras hurgaba en el pasado de este paraje y en sus alrededores, también fui estudiando los diversos nombres de sus gentes y las palabras del idioma “portunhol”, que utilizaban a diario, para expresarse.-
Sin olvidar en este momento que por ejemplo, era común decir entre los más antiguos, que el apellido “Melgarejo” (que había varios en esa zona), tenían ascendientes que eran guaraníes.-
No hay duda que muchos nombres fueron extraídos del santoral católico que estaba de manifiesto en los almanaques. Por ejemplo: Ana (Núñez de Fernández) y Ana (Barreto de Melgarejo); Ascención (Sequeira Fagúndez);  Bernardina (Silvera); Bernardino (Vaz);  Calasan (López); Carlos Borromeo (Cuello); Carlos (Sequeira); Cirilo, Ignacia y Antonia (Aparicio); Conversión (Melgarejo); Claro (Melgarejo); Clotilde (Cardozo); Diego (Pereira);  Eusebio (Sequeira); Eulogia (Melgarejo); Eulalia (Cajarville); Evergisto (Fernández); Genaro (Vaz); Gil (Techera); Julián (Pereira Melgarejo); Margarita (Silvera Fernández); Ramón (Cuello das Neves); Salvador (Silvera); Tomás (Barrios); Quintina (Oxley); Urbano (Batalla) y Visitación (Techera).-
Cuatro nombres de los que me ocupé especialmente: 1) Beltoldo Fernández 2) Conversión Melgarejo de Fernández  3) Visitación Techera de Aparicio y 4) “Cafoy” Pereira.-
El primero de los nombres, es muy probable que haya surgido de influencias italianas llegadas al Brasil y en ese caso es “Bertoldo”. Aunque aquí prima la forma en que fue anotado en el Registro Civil y por consiguiente como pronunciaban el nombre él o la progenitora.-
“Conversión”: es aquella práctica religiosa que una persona la adopta como propia, en la comunidad de creyentes a la cual se incorpora.-
Conversión Melgarejo, era la esposa de Beltoldo Fernández.-
“Visitación”: según el santoral católico, coincide con la fecha 31 de mayo “Visitación de la Virgen María”….
En este caso, Visitación Techera, era la esposa de Cirilo Aparicio.-
Y el seudónimo, vuelto nombre a la fuerza de: “Cafoy”, suena muy extraño entre una generación de paisanos y paisanas, que formaban un pequeño mundo, en la campaña oriental. No está en el santoral católico de la época, ni tampoco lo encontré en el libro “La Vida Rural en el Uruguay” del Dr. Roberto J. Bouton.-
Atendiendo a influencias del portugués, podría ser: “Cá-foi”, que en idioma español se traduce como: “Aquí fue”….”Aquí estaba”…
O también podría ser: “Gafoy” aludiendo a un pueblito de 298 habitantes, en “La Coruña” (Galicia- España), donde aun pueden encontrarse gentes con el apellido Pereira.-   
Como ya lo manifesté anteriormente, su nombre era Primitivo, aunque todo el mundo siempre lo nombró por “Cafoy” Pereira.-
Otro nombre que merece destacarse en la zona: Flor de Selva Fernández Melgarejo (hija de Beltoldo y de Conversión), quien en Vergara fue nuestra amiga, que tenía el oficio de “vencedora” y a quien le llamábamos simplemente “Doña Selva- la de Santana-”, en alusión al esposo: Modesto Santana Silvera.-                        
No hay que olvidar, que Ana Orfilia González (la esposa de Basilicio Cuello) era brasilera y que los Sequeira, los Pereira, los Fernández y los Cuello, específicamente, también descendían de progenitores de Río Grande del Sur (Brasil) que lógicamente y de alguna forma, implantaron sus características idiomáticas, propias de las tierras “gaúchas”.-
Pude detectar las siguientes palabras que pertenecen al “portunhol”: “A la maula”!(expresión de sorpresa);  “ué”! (expresión de admiración);  “abóbra” (zapallo); “abombao”; “acalambrao”; “alpedo” (al santo botón); “amagar”; “amolar” (molestar); “andaso” (virus que contamina a varias personas); “aruera” (árbol que a muchas personas les produce alergias cutáneas);  “atariao” (con mucho que hacer) ; “atorá” (partir al medio); “angurriento” (que come mucho); “bagual” (caballo todavía no domado); “bajoniao” (decaído); “balaca” (lleno de estilo);  “bibóca” (lugar de acceso difícil); “bishera” (porquería);  “bolaso” (disparate); “caboclo” (descendiente de indio o también especie de avispa);  “cafañoto” (langosta);  “cambueta” (persona de piernas arqueadas); “camperiar” (trabajar con el ganado); “canyica” (mazamorra); “cascarria” (persona despreciable); “cascudo” (escarabajo); “catinga” (hedor);  “cuchilar” (hacer la siesta); “changa” (trabajo transitorio y en tareas menores); “chirusa” (mujer de costumbres groseras); “choclo” (mazorca de maíz); “cordiona” (acordeón); “corpiño” (sostén que usan las mujeres); “curinga” (comodín de la baraja);  “cusco” (perro pequeño y de raza ordinaria);  “don” y “doña”; “fasero” (contento, alegre); “festichola” (fiesta entre amigos); “garnizé” (raza de gallinas chicas cuyos gallos son muy peleadores); “inshume” (hinchazón); “jodido” (estropeado, enfermo); “ladiao” (inclinado para el costado); “lagartiar” (descansar al sol); “marreco” (especie de pato);  “matiada” (tomar mate); “mogango” (zapallito- calabacín); “mormaso” (calor intenso); “murriña” (mal olor); “naco” (pedazo);  “noyento” (asqueroso); “nicle” (cambio en monedas); “pajonal” (bañado extenso); “pamentero” (que hace aspavientos); “patiyudo” (harto, aburrido, cansado); “plasta” (perezoso, lento);  “penca” (carrera de caballos); “pife” (juego de naipes, parecido a la conga); “pingando” (cuando la lluvia empieza a gotear); “proziar” (charla);  “raye” (locura);  “sabugo” (mazorca de maíz sin granos); “toco” (pedazo corto y grueso de madera); “tremura” (ansiedad, temblores); “tutano”  (tuétano), “viso” (enagua);  “yararaca” (mujer fea, habladora, intrigante o víbora muy venenosa de Río Grande del Sur).-


                              LA ANÉCDOTA DE CALASÁN LÓPEZ

Casado con Nicomedes Téliz, quien en realidad era hija natural de Aquiles Fernández (el que le dio la movida al “Zurdo” Ramos), Calasán López, que hablaba con un ligero acento nasal, cuyo padre se llamaba Octaviano y vivía en Vergara, era un paisano más dedicado a las faenas rurales y especialmente a las tropeadas. Así, era reconocido en la zona.
Además, se daba maña para hacer ciertos trabajos en carpintería y mientras iba y venía cepillando tablas y metiendo escoplo, cantaba viejas letras de los trovadores gauchescos.-
Era muy amigo de mis mayores y cuando en las charlas familiares se le recordaba, siempre salía a la luz, aquella anécdota de la caída del rayo….
El mismo le contó un día a Basilicio Cuello, que en su rancho ubicado al costado de un ombú y detrás del que ocupaba la maestra Clotilde Cardozo de Mariño, una noche terrible de tormenta eléctrica y lluvias, un rayo “los había visitado” en la pieza que utilizaban para dormitorio.-
Estaba acostado junto a su esposa, sin poder conciliar el sueño, escuchando impotente el fenómeno que se abatía y en determinado momento, una lengua de fuego acompañada del infaltable “chasquido”, lo dejó sentado, en el medio del lecho matrimonial.-
Impávido junto a su esposa, alcanzó a ver, que un vislumbre agorero se daba de lleno contra los pies de la cama…
Según su relato: “La cama que le compré pa la brasilera (así le llamaba a su esposa) es toda de bronce….toda de bronce, don Cuello….Y el rayo vino a caer a los pies e la cama, vio?...Y ella se despertó tamién y solo dijo: “Santa Bárbara”….pero todo bía pasao ya…Todo bía pasao…Y valga la suerte, que el rancho no agarró fuego, porque si no, con qué nos salvamos?...Eh?...Con qué nos salvamos don Cuello?...Bíamos muerto quemaos los dos…Que Dios no permita….Porque dicen los antiguos que el rayo, si no es con fuego hecho por uno mismo, l´agua de la lluvia no lo apaga….Ah no lo apaga no…...


                                EL INEVITABLE FIN DE “EL ALEGRE”

En el año 1934, había arrancado el “boom” del Arrozal “33”, sito en las Costas del Ayala (Tercera Sección del Departamento de Treinta y Tres).-
Lentamente, algunos hombres maduros y otros muchachos del paraje, comenzaron a irse del caserío y a conchabarse como peones del arrozal, oficiando de: “rancheros”, “quinteros”, “serenos”, “pateros”, “boyeros”, “caballerizos”,  “carreros” con carreta con bueyes y carros con caballos. Por supuesto que estaba la tarea que más rendía en el plazo de unos cuatro meses por año, que era la de cortar el arroz a hoz. A puro brazo, adentro de las chacras….
La migración, se hizo notar.-
Por el año 1945 aproximadamente, don Juan Obiaga, que ya tenía la estancia “La Totora”, adquirió esas 295 hectáreas donde estaban esparcidos los ranchos de “El Alegre” y por medio de don Guillermo Terra Gallinal, entregó el dinero que correspondía, a quienes aun quedaban allí.-
Ahí sí, definitivamente, cargaron los pertrechos que tenían, sacaron las puertas y ventanas de los ranchos y buscaron otros rumbos, “a pata de buey”….
Como un extraño conjuro de la naturaleza, poco tiempo atrás una especie de “tornado” se había abatido sobre la zona y a varios de los pobladores del lugar, les levantó techos y les dañó varios trozos de ranchos.-
En el caso específico de la vivienda de Diego Pereira, le levantó el techo del galpón-habitación y una de “las tijeras” del mismo, le pegó en la cara, sin llegar a herirlo de consideración, pero en ese caso le dejó una cicatriz para siempre.-
Mientras los hijos se desparramaban, Beltoldo Fernández- Conversión Melgarejo; Claro Melgarejo- Ana Barreto; Francisco Sequeira- María Cuello; Eusebio Sequeira - Sofía Fagúndez; Ramón Cuello- Quintina Oxley y Gil Techera- Albertina Becerra, se vinieron para Vergara, donde compraron terrenos y poblaron con ranchos.-
También se vino para Vergara, Nolberta Fernández con sus hijas e hijo menor.-
Unos, lograron jubilarse. A otros, les otorgaron la Pensión a la Vejez.-
Y Beltoldo Fernández, quedó ciego -según sus familiares- a consecuencia de la caída de un rayo, del tiempo que residía en “El Alegre”. De todos los pobladores antes nombrados, era el único que percibía la Pensión de “Servidores de la Patria”, dado que en 1904 había salido a la revolución, con las fuerzas gubernistas del Coronel Basilisio Saravia.-
Calasán López-Nicomedes Téliz; Indalecio Fernández-Anita Núñez y Julián Mariño, se fueron para la zona de “La Calavera” (Cuarta Sección de Treinta y Tres).-
Años después (promediando la década de 1950), Indalecio Fernández, falleció en una chacra que había comprado en Vergara y su entierro, se constituyó en el de la última persona que fue llevado de a pie hasta la necrópolis local.-
La Maestra Clotilde Cardozo y su esposo Felipe Mariño, se fueron para la “Colonia Jefferies” en los aledaños de Treinta y Tres.-
Santos Pereira- Eulogia Melgarejo, se fueron a vivir a un campo en la zona de Corrales del Parao (Novena Sección de Treinta y Tres), pegado al que ocupaba Froilán Ramos.-
Diego Pereira-Margarita Silvera; se fueron para la zona del Arroyo Zapata (“Puesto Blanco”), en la Tercera Sección del Departamento de Treinta y Tres.-
Urbano Batalla- Segunda Silvera, se fueron para la estancia de un Sr. Saravia en el paraje “Los Porongos” (Segunda Sección de Treinta y Tres) y Salvador Silvera y sus hijos e hijas mayores, se fueron a trabajar como medianeros en chacras, en el Arrozal “33”.-
“Cafoy” Pereira- Petrona Caballero y la “Chola” (una gurisa que criaban), se fueron a vivir en la estancia de don Carlos Oribe (Novena Sección de Treinta y Tres).-
Atrás quedaron los ranchos, mudos de ausencia, con los ojos perdidos y las bocas abiertas.-
Poco después, por orden de Obiaga, voltearon las paredes de terrón, les prendieron fuego a las maderas y a los techos de paja, sacaron algunas latas o chapas de zinc que pudieran ser utilizables, les tocaron fuego y los borraron definitivamente de la geografía verde y luminosa.-
Pero los rastros, quedaron tendidos sobre el lomo del campo…No los pudo borrar el fuego….Y los nombres y los apellidos de los pobladores, quedaron depositados en las  memorias más persistentes.-
A más de 80 años de  distancia, aunando datos, fotos y recuerdos, logré darle vida a un rancherío, a un poblado, a una cuasi leyenda, del Uruguay profundo.-
Es el momento en el cual, las letras se vuelven tiempo. El olvido desaparece. Y la satisfacción íntima de haber logrado un objetivo, procura tener la misma energía, la misma sencillez y el mismo silencio, que tienen las almas piadosas.-
                                                                                    


PD: Agradecimiento a las siguientes personas: Amado Cuello Silvera (fallecido antes de culminarse este trabajo); José Amado Cuello Silva; Carlos Sequeira Cuello; Elma Machado Silvera; Julio Toribio; Isidro Peña Silva; José María Fernández Muniz; Luis Larronda Fernández; Sofía Cuello Oxley; Aladino Lima; Valoy y Elsa Batalla Silvera;   Constancio Moreno Cidade; Ana Moreno Rosas de Lemos; Selva Santana Fernández de Mier; Ana Luisa Sosa Lacco, Olga Pereira Silvera y Palmira Alza Pereira.-

Texto: Jorge Muniz.-

Vergara, 17 de noviembre del 2016.-

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